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Periodista, escritor, Lic. en Periodismo, Mtro. En Ciencias Políticas, oaxaqueño. Autor de la columna "Indicador Político" en El Financiero.

miércoles, 18 de abril de 2012

18-Abril-2012, Miércoles.

INDICADOR POLITICO




+ PAN: fracaso en sistema político

+ No supo ser partido en el poder



Carlos Ramírez



Nacido como oposición leal y con un discurso de confrontación ética y moral al Partido cardenista de la Revolución Mexicana, el PAN no supo convertirse en partido en el poder en doce años de poder presidencial y en casi veinticinco años de ascender en la estructura política.

La candidata panista Josefina Vázquez Mota está pagando el error estratégico del partido. El PAN perdió de foco la función principal de un partido político: ganar el poder, transformarse para convertirse en poder y mantener el poder. En cambo, el PRI nació desde el poder, perdió el poder pero se reconstruyó para reconquistar el poder.

Como una de las piezas clave del sistema político, el partido en el poder asume la función primordial de convertirse en el espacio por excelencia de la intermediación entre las demandas ciudadanas y las decisiones de la autoridad. El PRI lo entendió tan bien que creó una estructura corporativa para primero organizar a los grupos sociales, luego para usar el partido como el camino de las demandas y finalmente para regresar decisiones de poder a través del partido.

Cuando comprendió que el PRI se había enmohecido y ya no cumplía con sus funciones de intermediación social, Carlos Salinas creó los comités de solidaridad para encauzar la obra pública y pretendió imponerlos como sustitutos de los tradicionales seccionales del PRI, pero se lo impidieron la crisis de 1994 y la estructura jurásica del PRI. Hacia el 2000, el PRI ya no operaba como mecanismo de intermediación de la política de inversiones asistencialistas. En cambio, en el DF, el PRD copió al PRI, utilizó el presupuesto para fomentar nuevas estructuras corporativas y con ello se asentó en el control de masas en la ciudad de México.

Los dos gobiernos panistas no supieron qué hacer con el partido y por tanto el PAN no supo convertirse en la estructura de poder de la administración federal. Lo malo de todo fue que tampoco construyó un partido diferente, sino que tan solo se conformó con afiliar a los nuevos funcionarios. El saldo está a la vista: el PAN es un partido, no el partido en el poder. No existe una correlación entre el ejercicio del gobierno con el PAN como estructura de organización de masas porque el PAN se conformó con seguir siendo un partido de ideales y de pronunciamientos y se negó a ser un partido de masas.

Salinas inventó la Secretaría de Desarrollo Social para enfilar desde ahí a Luis Donaldo Colosio en el modelo de la reorganización de la relación programas sociales-organización de masas. Josefina Vázquez Mota fue secretaria de Desarrollo Social, creó nuevos programas de apoyo a sectores marginados y dinamizó el gasto social, pero no convirtió esos programas en instrumento de organización de masas. La lección es clara: el partido que crea ingenuamente en que los beneficiarios del gasto social no deben ser cooptados como aliados partidistas pagará en las urnas sus errores estratégicos.

Un partido político es un aparato de organización de masas para garantizar votaciones a sus candidatos, no es un seminario para la reflexión teológica. La razón es simple: sin masas organizadas, tampoco hay votos. La campaña presidencial del PAN se ha encontrado que el PAN se olvidó de organizar a los electores; el incidente en la fonda de Tres Marías fue un error de organización, pues con tres horas de ventaja se hubiera preparado un evento político positivo. A lo largo de las primeras semanas de campaña, Josefina se ha encontrado que carece de partido político.

En los dos sexenios en el poder presidencial, al PAN le faltó un proyecto de reorganización como partido en el poder. Al parecer la tesis fue evitar la repetición del modelo PRI; sin embargo, el PRI no inventó el partido-aparato sino que solamente lo refinó. En este sentido, el espacio por excelencia del funcionamiento del sistema político es precisamente el que ocupa el partido en el poder. Ninguno de los cinco presidentes nacionales del PAN supo entender la lógica de un partido en el poder. Lo peor de todo es que el PAN tuvo tres llamadas de atención: las elecciones intermedias de 2003 cuando el PRI recuperó puntos, las presidenciales del 2006 cuando enfrentó el aparato social-electoral del PRD y las legislativas del 2009 cuando perdió nuevamente posiciones por confundir el mensaje de campaña.

El PAN fue ingenuo al racionalizar la conformación de la estructura social del país; un partido de ideas requiere de una sociedad de electores de alto nivel y de bienestar asegurado de antemano; pero una sociedad marcada por la pobreza mayoritaria y con electores demandantes de beneficios que la vieja política social del Estado ya no satisface busca un partido que le garantice programas de bienestar, así sean asistencialistas y no modifiquen la estructura de la pobreza nacional. El PRD en el DF se ha dedicado a regalar dinero, no a facilitar el escalafón social, con programas asistencialistas e improductivos, pero eficaces para organizar a una parte de las masas necesitadas.

En este contexto, el PAN carece de votantes, como se revela en las encuestas. En el 2000 la gente votó contra el PAN por el fracaso en la política social y la desarticulación de las corporaciones de masas, además de que los candidatos del 2000 y del 2006 no supieron vender imagen ni los programas sociales. Además de imagen, Enrique Peña Nieto construyó su candidatura sobre los programas sociales, asumiendo al votante como beneficiario de algún programa. López Obrador desdibujó su imagen cuando la orientó a la confrontación o al amor y no a los beneficios de sus programas sociales.

El desafío de Josefina es grande y carece de tiempo: relanzar el papel del PAN como partido de masas, construir un discurso sobre programas sociales, promover la organización de masas en torno al presupuesto público y aprovechar su experiencia en la Sedeso para entender al votante. Pero la clave de su victoria o su derrota estará en lo que ella pueda hacer con el PAN.





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martes, 17 de abril de 2012

17-Abril-2012, Martes.

INDICADOR POLITICO




+ PAN: descomposición lógica

+ Es el principal reto de Josefina



Carlos Ramírez



Sin carrera partidista, Josefina Vázquez Mota carga la crisis de partido del PAN como un fardo y un peso que le quita movilidad electoral. De la ahí la oportunidad de campaña presidencial para redefinir el papel del PAN no sólo en la campaña sino en la conformación de un nuevo sistema político.

El gobierno de Vicente Fox no se preocupó por el PAN en la alternancia, pero su decisión de pactar con el PRI lo llevo a aprovechar la oportunidad para repetir a su favor los vicios del modelo priísta del partido-gobierno. Con escaso margen político de maniobra, el presidente Calderón no le dio prioridad a la reconstrucción del partido.

En desventaja, sin una decisión de reformulación del sistema político y con las estructuras corporativas del pasado priísta en manos del gobierno, las dos administraciones panistas oscilaron entre un PAN tipo PRI y un PAN apenas parecido a los criterios políticos de sus fundadores, sobre todo de Manuel Gómez Morín. Al final, el PAN tipo PRI fue soslayado por el presidente Calderón a la hora de la designación del candidato presidencial pero se encontró que era demasiado tarde y que la conformación de militantes y adherentes había perdido la identidad original del PAN.

Detrás de la crisis del PAN se encuentran las varias etapas: la original de Gómez Morín, la activista del ciclo derechista que se alió a los EU de John Gavin, la iglesia y los empresarios, la de los bárbaros del norte, la de la crisis de identidad, la del Yunque más como grupo de poder interno que como perfil ideológico y la de los neopanistas que ganaron posiciones de poder en el sector públicos en los dos sexenios panistas.

Nacido como oposición leal y moral que no aspiraba a ejercer el poder en los altos niveles, el PAN realmente se encontró con la presidencia de la república en el 2000 por el activismo de Vicente Fox, de escasa militancia panista. La alternancia se dio a la derecha con Fox, cuando la larga tradición de lucha contra el autoritarismo priísta se dio desde la izquierda socialista y el priísmo progresista. Sin embargo, la coalición progresista no supo ofertarle a la ciudadanía una alternancia diferente.

El PAN ha sufrido una descomposición lógica  por tres razones:

1.- El ejercicio del poder sin cambiar el sistema político.

2.- La decisión de no completar el ciclo político de alternancia-transición con la construcción de un nuevo sistema político.

3.- La ausencia de un liderazgo ideológico del partido que sometiera a los legisladores y funcionarios a un proyecto político de verdadera alternancia.

Como partido en la presidencia, el PAN se convirtió en una agencia de colocaciones, como en el viejo PRI; ahí están las candidaturas de ex priístas y ex perredistas que accedieron a espacios panista sin pasar por la reflexión de partido. A ello contribuyó el deslavamiento de su propuesta ideológica, más de tipo moral que de política y mucho más de nominaciones que ganaran candidaturas al estilo PRI que la consolidación de una nueva clase política.

La candidata del PAN a la presidencia de la república tiene que arrastrar ahora con el lastre de un partido sin movilidad política, sin dirección ni liderazgo y sin una propuesta de construcción de un proceso de alternancia-transición-instauración democrática. Las cinco direcciones nacionales panistas de la alternancia --Luis Felipe Bravo Mena, Manuel Espino, Germán Martínez Cazares, César Nava y ahora Gustavo Madero-- fueron de coyuntura, sin objetivos de largo plazos y dependientes del presidente de la república en turno. Ninguno de los cinco hizo un esfuerzo real para dotar al PAN de una ideología política para el ejercicio del poder, a lo que contribuyó el hecho de que Fox prefiero pactar con el PRI y Calderón decidió transitar sin cambios políticos ni ideológicos.

Ahora Josefina ha quedado atrapada en una maraña de poder que significa un PAN cruzado por diferentes hilos de intereses: el calderonismo, los gobernadores, los burócratas, los ex priístas, los pro-perredistas, los grupos de poder como el Yunque y similares, los autonomistas, los oportunistas… y los que nazcan al calor de la campaña.

Lo paradójico es que Josefina fue votada como candidata presidencial en una elección sin interferencias de grupos, pero carece de movilidad porque quedó enredada en una telaraña pegajosa que le ha impedido movilidad y que le ha exigido atender más los conflictos internos que la campaña. Ello explicaría, por ejemplo, la decisión de Josefina de aferrarse a Roberto Gil como su operador de confianza, pero dejando latente el problema del nudo gordiano de las corrientes panistas que funcionan de manera similar que las tribus perredistas.

La gran decisión que tiene frente a sí Josefina para verdaderamente relanzar su campaña se localiza en la toma del control total del partido, de las candidaturas y de los grupos de poder; si no lo consigue, entonces difícilmente podrá avanzar por el lastre de grupos que se mueven para mismos y no para el objetivo de ganar de nuevo la presidencia de la república. De hecho, Josefina padece el mismo problema de Enrique Peña Nieto en el PRI y Andrés Manuel López Obrador en el PRD, aunque los dos, con todo, han logrado tomar el control de sus partidos políticos.

Pero Josefina tiene a su favor el hecho de que es la oportunidad de que el PAN mantenga la presidencia de la república un sexenio más. Pero para ello requiere, inevitablemente, tres cosas: tomar el control del PAN, definir un proyecto propio de gobierno que incluya la variable alternancia-transición-instauración democrática y consolidar urgentemente un liderazgo personal indiscutible. Si no lo consigue en el corto plazo y si el presidente Calderón no se lo facilita, la victoria presidencial se irá alejando y el PAN podría tardar en recuperar el poder presidencial.



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viernes, 13 de abril de 2012

13-Abtil-2012, Viernes.

INDICADOR POLITICO




+ Fuero militar a capricho de EU

+ Entre Kennedy y el Pentágono



Carlos Ramírez



En diciembre del 2011, el presidente Barack Obama refrendó la validez de las leyes patrióticas de Bush para militarizar la lucha contra el terrorismo, manteniendo no sólo los arrestos sin orden y las torturas, sino la posibilidad de que civiles sean juzgados en tribunales militares.

En México, a lo largo de estos seis años, el fuero militar se ha ido ajustando a las necesidades de defensa de los derechos humanos, pero a partir de los intereses nacionales. Sin embargo, ahora la activista Kerry Kennedy, a partir de un incidente contado unilateralmente, quiere que el papel de los militares en la seguridad nacional y en la seguridad interior se ajuste a las exigencias de los EU: que militares mexicanos sean juzgados en tribunales civiles, mientras en los EU civiles son juzgados en tribunales militares.

Lo de menos es percibir el hecho de que las fuerzas armadas de los EU desdeñan tribunales civiles y desde luego que no reconocen tribunales y cortes internacionales, aunque toda su estrategia de dominación geopolítica-militar se base en la utilización de esos espacios pero contra adversarios que no se ajusten a la supremacía militar de Washington.

De ahí que los pronunciamientos de Kerry Kennedy tengan que matizarse en el escenario de los avances mexicanos para modernizar el fuero militar o de guerra que es la columna vertebral de la disciplina militar y por tanto el punto central de la seguridad nacional. México ya avanzó en la transformación de la Constitución de una de derechos a una de dogmas jurídicos, centralmente el de los derechos humanos. Ahora mismo se debaten ajustes en la ley de fuero militar como parte de algunas sentencias de la Corte Interamericana de DH que México acata sin pretextos.

Kerry Kennedy es presidenta del Centro para la Justicia y Derechos Humanos “Robert F. Kennedy”, por razones de ser una de las hijas del hermano de John F. Kennedy. Robert Kennedy fue procurador de justicia durante el periodo presidencial de su hermano y en 1968 se presentó como candidato presidencial pero fue asesinado en aquel aciago año que salpicó de sangre política a los EU. Robert Kennedy, por cierto, fue uno de los operadores de intentos de asesinato político ilegal de Fidel Castro, de acuerdo con una conversación liberada en los EU que sostuvieron el presidente Gerald Ford y su secretario de Estado Henry Kissinger, en base a una confidencia del director de la CIA Richard Helms.

También como secretario de Justicia del gobierno de John F. Kennedy, Robert Kennedy fue uno de los responsables de la aprobación del plan secreto para el envío de tropas de combate a Vietnam bajo la cobertura de “asesores militares” y también tuvo que ver con algunos de esos “asesores militares” que no enseñaban a los sudvientamitas tácticas de combate sino tortura a civiles para atacar a los comunistas de Vietnam del Norte. El asesinato de Robert Kennedy lo convirtió en mártir pero arrastrando las leyendas negras de decisiones de los EU con carácter imperial.

A partir de un incidente en un puesto militar cercano a Acapulco, Kerry Kennedy hace una serie de exigencias sin entender que están en camino de salida desde hace tiempo y que se han estado tomando en función de los intereses mexicanos. En su texto, publicado en Reforma, Kerry Kennedy no explica que los retenes se han colocado legalmente para romper con el tráfico de drogas para el consumo casi libre de los adictos estadunidenses, a través de los mercados al menudeo que existen en casi todas las ciudades de los EU.

En México militares acusados de violaciones a derechos humanos han sido juzgados en tribunales civiles, aunque la señora Kerry Kennedy exige lo que ya funciona. La ley de fuero militar está en el congreso mexicano y la decisión depende de los legisladores, no de las exigencias de organismos estadunidenses que están en la mismas sintonía de los objetivos del Pentágono de los EU para desmantelar o cuando menos subordinar a las fuerzas armadas de otros países. Extraña, en todo caso, que la presidenta de una ONG ignore los avances mexicanos.

El texto de la señora Kennedy en Reforma es producto de un incidente en un puesto militar en Acapulco, en donde la presencia militar ha logrado desarticular a cárteles del narco y ha recuperado territorio en manos de la delincuencia. De acuerdo con el relato, la señora no vio afectados sus derechos sino que se le trató de acuerdo a las acciones permitidas por la ley. Lamentablemente, la señora Kennedy se permite ofender a las fuerzas armadas titulando su texto con una frase que induce una lectura de opresión de los derechos humanos: “¡Quita tu bota de mi cuello!” Sin embargo, se trata de un titular tramposo porque en ninguna parte del texto acredita información que tenga que ver con el título. Así, la señora Kennedy engaña a sus lectores inflando un incidente que no violentó sus derechos humanos porque después de una revisión legal pudo seguir su camino.

La intención de la ONG´s estadunidenses se localizan en la intención de desarticular las estructuras de defensa de países como México generalizando incidentes que responden a hechos aislados que, por lo demás, están en tribunales civiles. Paradójicamente, la señora Kennedy quiere que el ejército mexicano no ejerza los mecanismos de defensa que le permite la ley. Varias denuncias de presuntas violaciones se han diluido por haber sido acusaciones sin fundamento y algunas de ellas alentadas por el propio crimen organizado.

Lo que el Estado mexicano ha hecho para ajustarse a la doctrina de los derechos humanos no ocurre en los EU, donde los militares juzgan a civiles por acusaciones no fundamentadas de terrorismo y tropas estadunidenses no son juzgadas por los 450 mil civiles inocentes asesinados en la ocupación de Irak y Afganistán. Como buena Kennedy, la señora Kerry ve la paja en el ojo de México para ocultar la viga militar estadunidense en el propio.





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jueves, 12 de abril de 2012

12-Abril-2012, Jueves.

INDICADOR POLITICO




+ Obama-Romney, en México 2012

+ Crisis, terrorismo, drogas, migración



Carlos Ramírez



Las elecciones presidenciales en Los Estados Unidos para noviembre próximo ya resolvieron las nominaciones: el retiro del senador Rick Santorum dejó la candidatura presidencial republicana al conservador Mitt Romney, hecho que se convirtió en un factor inesperado en las elecciones presidenciales de México.

Aunque ni Romney ni Barack Obama tienen a México en alguna parte de su agenda propositiva, la crisis de seguridad en México se está convirtiendo en tema de referencia: los republicanos podrían obligar al candidato Obama a endurecer su posición sobre México. Por tanto, los candidatos presidenciales mexicanos están ya obligados a incluir la elección presidencial en los EU y el factor Casa Blanca en la agenda de sus campañas, pronunciamientos y políticas exteriores.

La nominación de Romney se convirtió en una cuña a la candidatura presidencial de Obama por los temas de la polarización política local; pero esa polarización no debe asustar sino que incluye el gran debate acelerado por la estrategia social de Obama: convertir al Estado en un factor de poder político y presupuestal para atender a la pobreza, pero en un sistema capitalista donde la pobreza no se toma en cuenta o forma parte de los elementos dinamizadores de la riqueza. De ahí que Obama haya sido acusado de socialista, cuando en realidad se trata de un modesto populista con tentaciones estatistas pero en una economía dominada por los intereses privados.

A pesar de que la elección presidencial estadunidense se va a decidir por factores internos, los temas de política exterior tendrán su propio espacio: la imposición de los valores capitalistas políticos y económicos en Irak y Afganistán, la violencia de resistencia de los nacionales, la crisis Israel-Irán, el expansionismo iraní en América Latina vía Venezuela y Cuba, el colapso previsible en Cuba por la desaparición pronta de Fidel Castro; y de los temas mexicanos, cuando menos cinco tendrán cabida en el debate Romney-Obama: el tratado de comercio libre, el petróleo, la migración, el terrorismo y la crisis de violencia por el narcotráfico.

Arrinconado por la crisis, el desempleo y la recuperación que no llega, además con la carga de compromisos no cumplidos con las minorías hispana y afroamericana, Obama va a estar arrinconado por Romney y tendrá que correrse hacia el centro-derecha ante la imposibilidad de radicalizarse a la izquierda. En las próximas semanas la Corte Suprema podría dar marcha atrás a la reforma de salud que preveía un sector público estatal en salud por el peso de los lobby de los consorcios de salud, lo cual sería el indicio de una mayoría dominante conservadora que limitaría el discurso progresista-populista de Obama.

El tema mexicano saltó con fuerza en las precampañas de los republicanos con críticas a la violencia por el narco y a la crisis económica que aumentó el flujo de migrantes mexicanos a los EU en busca de empleo y salarios, así como el tema de la reforma migratoria y las iniciativas antimigrantes del gobierno de Arizona. En contra, y con un oportunismo sin rubor, el equipo de Obama quiere de nueva cuenta explotar las necesidades de los afectados por el conservadurismo para comprometer a su favor el voto hispano y afroamericano, pero con la ausencia de compromisos reales para atender las necesidades de esos sectores.

Como parte de las decisiones de campaña, Obama está tratando de meter el asunto del narco por el lado de iniciativas de campañas contra el consumo de drogas en zonas urbanas dominadas por el mercado al menudeo e intensificará acciones policiales contra pandillas que controlan el narco en más de mil ciudades de los EU y que tienen conexiones de dependencia con los principales cárteles mexicanos. Como Obama tiene el problema de que el consumo de droga es un asunto de derechos civiles, entonces se prevén acusaciones contra México.

Romney fue gobernador republicano en uno de los territorios demócratas y progresistas por excelencia, el estado de Massachusetts, y su padre nació en México. Lo interesante es que estudió en Harvard, como Obama, aunque de Obama han comenzado a circular algunas evidencias de vinculación con grupos radicales marxistas de esa escuela, aunque con el dato de que en Harvard se unió al grupo marxista de la Escuela de los Derechos, es decir, la inclusión en las leyes de derechos sociales a los pobres para luego convertirlos en obligaciones de los gobernantes; en esa lógica se ubicó su iniciativa de salud: garantizar legalmente el derecho a la salud, y como los hospitales privados no pueden dar atención gratuita y el gasto médico crecería para garantizar atención privada, entonces vendrían los hospitales públicos y el seguro médico gratuito garantizado por el Estado.

Como estrategia de campaña, Obama estaría alentando la protesta pública de sectores marginados, pobres o ajenos a la dinámica de enriquecimiento del sistema capitalista, con lo que ha contribuido a la polarización ideológica vis a vis los sectores conservadores que no quieren al Estado en actividades privadas. El problema es que Obama, de relegirse, también incumpliría sus compromisos porque apenas contaría con dos años de gobierno y los dos restantes estarían dominados por la siguiente elección presidencial; se trataría del espacio político y de gobierno en el que el presidente de los EU es caracterizado como un pato cojo --lame duck-- porque carece de instrumentos de poder y de horizonte político.

La definición del candidato presidencial republicano adelantó la fase de las campañas porque ya no se realizarán primarias. Por tanto, se espera que Romney también adelante puntos de debate y de confrontación con un Obama agobiado por los problemas sin solución y por las protestas callejeras contra el sistema capitalista --no sólo contra la crisis-- que ha tratado de salvar en sus cuatro años de su primera administración.

Y no tardarán muchas las semanas en que la campaña presidencial de los EU se meta en la campaña presidencial de México, pero con candidatos mexicanos que han excluido al factor Casa Blanca y con temas de violencia criminal que serán también temas en la campaña estadunidense.



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miércoles, 11 de abril de 2012

11-Abril-2012, Miércoles.

INDICADOR POLITICO




+ Elección 2012: sólo continuismo

+ AMLO y Peña ya no preocupan



Carlos Ramírez



Luego de desorientar a la sociedad con mensajes de precampaña de que todo estaba mal y que había que cambiar todo, ahora resulta que los tres principales candidatos a la presidencia de la república sólo ofrecen la continuidad del modelo político, económico y social.

La muerte del ex presidente Miguel de la Madrid vino a reposicionar en el espacio político-electoral el tema fundamental: el agotamiento --por no decir que fracaso-- del modelo de desarrollo neoliberal que impuso el delamadridismo comandado por Carlos Salinas de Gortari y avalado por la sumisión del PRI.

Con Guillermo Ortiz Martínez y Agustín Carstens como comandantes del proyecto económico, el priísta Enrique Peña Nieto ni siquiera tendrá que preocuparse por restaurar el priísmo económico porque los dos gobiernos panistas mantuvieron la misma política económica: Vicente Fox traicionó al PAN y el voto del cambio y mantuvo el mismo rumbo económico neoliberal con Francisco Gil Díaz, jefe de los Chicago boys mexicanos, en Hacienda y luego Felipe Calderón tampoco viró la nave al operar con Agustín Carstens, segundo de a bordo del Fondo Monetario Internacional.

En la lógica de la continuidad natural de un mismo partido en el poder, el equipo económico de Josefina Vázquez Mota estaría jefaturado por Ernesto Cordero, sucesor de Carstens en Hacienda y por tanto del mantenimiento del mismo rumbo económico.

Y en el equipo económico de Andrés Manuel López Obrador tiene a Rogelio Ramírez de la O, un asesor económico de empresas trasnacionales, aunque en realidad es el propio candidato el que ha decidido mantener la misma política económica para no ahuyentar a los capitales ni poner nerviosos a los empresarios. En todo caso, la propuesta de López Obrador --que no llega a nivel de estrategia-- radica en gastar más en apoyo social improductivo con el ahorro en el control del gasto. Los discursos y documentos del tabasqueño no definen un nuevo rumbo.

De ahí que en lo económico el país tenga en la elección presidencial el continuismo neoliberal en sus diferentes versiones: el neoliberalismo populista del PRI y del PAN y el populismo neoliberal del PRD; el neoliberalismo se identifica en el mantenimiento del equilibrio macroeconómico y en el gasto que permita el presupuesto pero sin aumentar el déficit presupuestal ni la deuda. En todo caso, los programas sociales se agotan en la atención a grupos pobres con programas asistencialistas que no modifican el modelo de desarrollo ni potencian las posibilidades de desarrollo que tiene el Estado.

En el tema de la seguridad, los tres candidatos criticaron durante la precampaña la estrategia del presidente Calderón y los tres prometieron “cambios”, pero al final se han tenido que rendir ante las evidencias de la esencia de la estrategia de lucha contra el crimen organizado: o se combatía a los cárteles en sus madrigueras o se cedía soberanía de territorio del Estado a bandas que dominaban zonas territoriales importantes. Peña ha prometido mantener al ejército y a la marina en las calles, a pesar de que criticó a Calderón por esa decisión; López Obrador dice un día una cosa y otro día dice otra pero con el afán de confundir sus mensajes y no aceptar lo inevitable: la única fuerza capaz de resistir y replegar a los criminales es la fuerza armada. Y Josefina habla de una “nueva” estrategia pero ante el clamor ciudadano de que los militares y marinos no ser retiren de las calles.

Ninguno de los candidatos habla de nueva estrategia de desarrollo, de redefinición de objetivos de desarrollo del Estado, de las grandes reformas al modelo populista-estatista del viejo PRI, de la manera de aflojar los controles macroeconómicos para convertir al mercado interno y al gasto público en el detonador de la reactivación, de la aceptación de que el actual modelo de desarrollo sólo puede garantizar el bienestar del 45% de los mexicanos y la necesidad de que el país crezca a tasas de 6% anual sin inflación ni desequilibrios macroeconómicos.

La muerte de De la Madrid recordó que el país tuvo el quiebre en modelo de desarrollo y política económica en el sexenio 1982-1988 con Carlos Salinas como el estratega económico y que el costo social del inicio del ciclo neoliberal convirtió al sexenio de De la Madrid en el “sexenio del crecimiento 0%” porque el PIB real de 1988 fue igual al de 1982, seis años perdidos. De la Madrid le apostó al continuismo con la candidatura de Salinas y ahí jugó un papel clave Manuel Bartlett como el secretario de Gobernación encargado de la elección presidencial: el objetivo fue contener a Cuauhtémoc Cárdenas porque representaba en ese entonces la revalidación del modelo populista tradicional priísta.

El modelo neoliberal De la Madrid-Salinas estuvo a punto de naufragar en 1994 con el discurso de Luis Dolando Colosio de regresar al populismo social pero el asesinato impidió ese retorno; su sucesor fue Ernesto Zedillo, el operador económico del neoliberalismo salinista y candidato de Joseph Marie Córdoba Montoya, el arquitecto del viraje a la derecha económica de Salinas. Zedillo mantuvo el rumbo neoliberal y ayudó a la llegada de Fox a la presidencia porque la candidatura priísta de Francisco Labastida Ochoa iba a dar por terminado el ciclo neoliberal.

El problema del neoliberalismo no es ideológico sino de política económica vis a vis política social. El neoliberalismo cerró el ciclo del populismo del gasto público sin política de ingresos --un “desarrollo estabilizador vergonzante”, afirmó Carlos Tello Macías-- y se ha aferrado al poder con el saldo del equilibrio macroeconómico aunque aumentando la pobreza social. Ante este escenario, los candidatos presidenciales han preferido mantener el continuismo y no explorar alguna alternativa de nueva política de desarrollo.

Por ello en lo económico y social no importa quién gane, porque el país seguirá el rumbo neoliberal que fijaron De la Madrid, Salinas y la élite financiera internacional comandada por el FMI.



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lunes, 9 de abril de 2012

9-Abril-2012, Lunes.

INDICADOR POLITICO




+ Josefina: campaña mostrenca

+ Ganar votos o vender imagen



Carlos Ramírez



Las campañas presidenciales han dejado ver ya cinco puntos específicos:

1.- Si se revisan con atención las encuestas presidenciales, la dimensión de los indecisos es un peligro para el candidato puntero y una oportunidad para los otros dos. De ahí que la búsqueda del voto de los indecisos sea aspecto esencial de las campañas electorales. Hasta ahora López Obrador es el que ha comenzado a jalar algunos indecisos.

2.- Las campañas se ganan con votos, no con perfil o imagen, y los votos se consiguen, se aseguran y se acarrean; no hay más. Mientras López Obrador y Enrique Peña Nieto afinan su aparato electoral para promover, garantizar y prepararse a acarrear a los votantes el día de la elección, Josefina parece andar en la luna: su campaña aparece mostrenca, no sabe de dónde viene y tampoco sabe a dónde va.

3.- Las elecciones se ganan con equipos que operen afuera del grupo de campaña y no hacia dentro. Por eso Josefina volvió a perder la oportunidad al privilegiar el reposicionamiento de Roberto Gil con el cargo de “jefe de gabinete” donde ya ha fracasado, cuando lo esencial es saber con claridad quiénes son los operadores electorales. Hasta ahora, Josefina ha desperdiciado a tres operadores eficaces: el ex gobernador guanajuatense Juan Manuel Oliva, el ex gobernador jalisciense Francisco Ramírez Acuña y el ex gobernador oaxaqueño Diódoro Carrasco, tres especialistas efectivos en organizar votantes pero que parecen estar de adorno y que podrían salvarle la campaña a Josefina pero a condición de que tomen el control de la organización. ¿A quién le importa que Gil sea “jefe de gabinete”? Lo esencial es saber quién va a garantizar los votos y quiénes van a poner orden en la campaña y no en el equipo interno de campaña.

4.- Las campañas se basan en la imagen de los candidatos, pero los perfiles deben dar garantías de efectividad. Peña Nieto pareció haber neutralizado su desliz de los libros en Guadalajara y López Obrador ha bajado un poco sus negativos, en tanto que Josefina se estancó en la imagen de género que ya no le garantiza votos. La encuesta diaria de GEA-ISA en Milenio Diario es reveladora: la tendencia no se mueve por hechos diarios sino por sucesos de fondo; y para eso justamente sirven las encuestas: indagar qué motiva al votante.

5.- El punto político de las campañas radica en la posibilidad del candidato o de la candidata para poner la agenda política. Agobiada por la lucha interna entre su equipo de trabajo, Josefina ha puesto la agenda negativa, es decir, la que le afecta: tardó en reaccionar al mareo, tardó más en reaccionar al estadio vacío y tardó en reaccionar al incidente en Tres Marías, lo que revela que tiene muchos miembros de equipo pero ningún operador de cuarto de guerra. La reacción de comunicación social de Josefina ha sido no lenta sino inexistente. Todo war room se forma de operadores y provocadores, no de asesores tropezándose unos con otros y culpándose otros a unos. Es la hora en que Josefina no pone la agenda política.

Los candidatos se han confiado en que no existe pasión por la elección, que habrá un enorme abstencionismo y que la clave de la victoria estará en garantizar los lectores leales o los que decidirán a última hora como voto útil. Por eso es que las campañas no han prendido, Peña Nieto y López Obrador tratan de disminuir sus negativos y todos se han aglomerado en el centro. En cambio, Josefina tiene una doble carga: la de candidata mujer y la de representar al partido que está en el poder y que podría verse obligado a regresarle el poder presidencial al PRI.

En este contexto, Josefina volvió a perder la oportunidad política: frente a la crisis en su equipo por sucesos externos que no pudieron ser administrados y atenuados, la reorganización de su campaña la hizo al interior y no al exterior y con los mismos. La experiencia de campañas anteriores --Echeverría, Salinas, Calderón-- ha enseñado que el equipo de trabajo de un candidato es el candidato y por tanto bastan algunos manotazos; pero el peor error de una campaña radica en magnificar los problemas internos y proteger a los consentidos por el hecho de serlo y no por la eficacia. Roberto Gil es un buen político pero ineficaz jefe de campaña presidencial, por lo que consolidarlo no significa más que mantener el problema interno. Cuando el candidato es fuerte y sabe operar campañas, su equipo debe pasar a segundo plano.

Mientras Peña Nieto se hizo del control del PRI y López Obrador doblegó al PRD, Josefina no ha podido tomar las riendas del PAN; de hecho, el presidente nacional panista Gustavo Madero es el mejor aliado del PRI y del PAN; pero en lugar desplazarlo o hacerse a un lado, Madero se aferra a la posición: De la Madrid desplazó a Javier García Paniagua del PRI, Salinas puso a Manuel Camacho como secretario general y Calderón desdibujó el PAN de Manuel Espino.

En un movimiento interesante, Josefina metió al CEN a Juan Manuel Oliva y a Ramírez Acuña pero Madero los ha neutralizado. Si Josefina quiere ganar las elecciones, debe poner orden en el PAN y designar a Oliva como presidente y a Ramírez Acuña como secretario general y darle a Diódoro Carrasco poder electoral. La incorporación de Santiago Creel y de Ernesto Cordero nada dicen a la campaña de búsqueda de votos y de nueva cuenta sólo siguen enredando el equipo de campaña de por sí ya autoneutralizado, porque el problema de la candidata panista no es el desorden en el equipo donde todos se tropiezan entre sí, sino la ausencia de un equipo de trabajo para buscar y garantizar votos.

Mientras Peña Nieto y López Obrador están dedicados de tiempo completo a buscar votos, Josefina pierde el tiempo reuniéndose con su equipo para poner orden cada rato y carece de buscadores de votos. Al final, las elecciones se ganan con votos, no con sesiones de gimnasio o con baños de pueblo comiendo quesadillas pero provocando la ira mediática de la gente porque no hay nadie que le organice bien esos eventos.



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lunes, 2 de abril de 2012

2-Abril-2012, Lunes.

POR VACACIONES DE SEMANA SANTA, LA COLUMNA INDICADOR POLITICO NO APARECERÁ EN ESTOS DÍAS.

LA PUBLICACIÓN SE REANUDA EL LUNES 9 DE ABRIL.

QUE DESCANSEN.