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Periodista, escritor, Lic. en Periodismo, Mtro. En Ciencias Políticas, oaxaqueño. Autor de la columna "Indicador Político" en El Financiero.

viernes, 7 de enero de 2011

7-Enero-2011, Viernes.

INDICADOR POLITICO


+ Tea Party, más que la derecha
+ EU polarizado como nunca antes

Carlos Ramírez

HOUSTON, Texas.- Si se revisa a fondo al movimiento Tea Party, los datos llevarían a la conclusión de que no se trata sólo de un movimiento de ultraderecha sino de una oposición ideológica estimulada más por las decisiones estatistas del presidente Barack Obama que por su origen afroamericano.
Asimismo, el Tea Party tampoco se agota en la imagen mediática de la ex candidata republicana a la vicepresidencia Sarah Palin ni en los discursos radicales de algunas de sus figuras sino que se ha convertido en una política de respuesta a la ruptura del equilibrio ideológico tradicional.
De hecho, la disputa entre polos va más allá del conservadurismo de Ronald Reagan y de George W. Bush y desde luego que rebasa las posiciones progresistas del Jimmy Carter que le regresó el canal a los panameños o el liberal Bill Clinton.
El gran debate aquí en los EU radica en el papel que debe jugar el Estado. Y para el norteamericano medio, la intervención del Estado --aun tibia y en situaciones de crisis-- es prácticamente sinónimo de socialismo. Como nunca antes en la historia están circulando libros que tipifican el proyecto de Obama como socialista. Este dato ayuda a entender la revalidación del espíritu del senador Joe McCarthy y su persecución contra presuntos comunistas al comenzar los años cincuenta.
Lo malo para Obama, sin embargo, es que no se trata de un socialista, a pesar de su origen profesional en la Escuela de los Derechos de Harvard, dirigida por el marxista --no comunista-- Duncan Kennedy. La propuesta de la Escuela Crítica radicaba en la necesidad de convertir en derechos legales las necesidades de los sectores pobres, a diferencia del viejo capitalismo que condicionaba la atención a pobres a políticas basadas en la codicia.
Obama se ha quedado a la mitad del río. Ha destinado billones dólares a rescatar a las empresas que contribuyeron al colapso financiero, pero sin poder cambiar las reglas del juego de la codicia. Ahí quedó plenamente demostrado que Obama no es un socialista sino un capitalista con la tarea de salvar el sistema, aunque con algunas coberturas sociales adicionales. En la reforma de salud Obama no pudo incluir un sistema de salud pública por el poder de las empresas hospitalarias y de las empresas de seguros médicos.
Lo que se nota en el ambiente de la clase media mayoritaria --considerada hasta hace poco como la “mayoría silenciosa” a la que apeló en presidente Nixon durante la guerra de Vietnam-- es el miedo a una hegemonía del Estado. No le critican demasiado a Obama sus esfuerzos para aprobar algunas iniciativas, sino el hecho de que ha sometido como nunca al Congreso por el poder de la Casa Blanca como Estado dominante y autoritario. La derrota legislativa del Partido Demócrata en las pasadas elecciones de noviembre fue el aviso del deterioro de la representatividad social del Congreso.
Asimismo, ese sentimiento antiestatista hacia el Congreso ha facilitado a los republicanos la definición de una agenda legislativa contraria a varias decisiones de Obama. Por ejemplo, existe la posibilidad de revertir la reforma de salud. Lo extraño radica en el hecho de que esa reforma amplió la cobertura de seguro médico a millones de estadunidenses desprotegidos por carecer de empleo formal y aun así la reversión de la reforma parece contar con el apoyo de buena parte de la mayoría silenciosa.
El movimiento de Tea Party va más allá del posicionamiento de Sarah Palin, quizá la figura más conocida de los conservadores. Libros y cobertura noticiosa de medios liberales han tratado de fijar un perfil vacío de ideas, pero sin conseguir resultados. El asunto es que la mayoría conservadora tampoco es muy inteligente en sus razonamientos porque dejó pasar dos periodos a un Ronald Reagan más por su papel de actor mediocre que por su liderazgo y le dio dos periodos al George W. Bush considerado el más ignorante de los políticos.
Pero el problema no radica en pasar los test de inteligencia. Jimmy Carter era ingeniero nuclear y fue echado del poder ante la avalancha del ex actor Reagan. Y Bush derrotó al vicepresidente Al Gore y al héroe de Vietnam John McCain. El norteamericano medio es inculto, no sabe de política y se deja guiar por sus pasiones. Ahí es donde el movimiento de Tea Party ha sabido insertarse justamente en las pasiones de esa mayoría silenciosa.
Asimismo, la percepción es diferente: Obama sigue imponiendo decisiones en las estructuras de poder --sobre todo en el Congreso-- pero ante una creciente oposición popular. En este contexto puede preverse que la nueva mayoría republicana en la cámara baja pueda revertir algunas decisiones e inclusive se tienen indicios de que algunos senadores demócratas podrían darle a los republicanos la mayoría en algunas votaciones. Se trata de tres campos de batalla: el del autoritarismo presidencial, el del Congreso que depende del voto popular y el de la percepción en la calle de que el Estado estaría creciendo demasiado.
La política más popular ahora en los EU es Sarah Palin, Obama pasa el tiempo conteniendo desórdenes en su equipo de gobierno y una lucha por el poder para impedirle competir por la reelección, además de recargarse demasiado en la popularidad y el equipo de Bill Clinton. La gran manifestación popular del Tea Party en el monumento a Lincoln en noviembre pasado fue un pivote para los sectores conservadores mayoritarios, sobre todo ante las evidencias de que las decisiones de Obama no han sacado a los EU de la crisis social y de empleo.


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