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Periodista, escritor, Lic. en Periodismo, Mtro. En Ciencias Políticas, oaxaqueño. Autor de la columna "Indicador Político" en El Financiero.

viernes, 21 de enero de 2011

21-Enero-2011, Viernes.

INDICADOR POLITICO


+ Televisa-Loret: los engaños
+ Kalimba-JJ, indicios del 2012

Carlos Ramírez

El interés de Televisa de deslindarse de dos expedientes inflamables abrió la puerta al papel de la televisión en las conductas políticas: la televisión como manipuladora de informaciones y noticias.
Si el desafío ha sido siempre tratar de llevar la inteligencia a la televisión, las entrevistas de Carlos Loret de Mola a Kalimba y el JJ Balderas Garza demostraron que el proceso ha sido al revés: el periodismo paparazzi, de escándalo, de chisme, ha infiltrado los espacios noticiosos políticos y sociales y les ha restado seriedad.
Lo peor es el auto reconocimiento de que se está haciendo trampa. En su columna del martes 18, en El Universal, Loret de Mola envío un mensaje auto incriminatorio: en su espacio de saciamorbos, es decir, para alimentar las pasiones de los que viven en la morbosidad: “si dijeran toda la verdad privada en público, ambos correrían el riesgo de perder el caso”. Se refería, obviamente, a Kalimba y a su denunciadora. Como periodista, Loret de Mola quedó atrapado en la realización de dos entrevistas que no lograron la verdad de los hechos pero igual fueron difundidas a sabiendas del engaño.
La información-escándalo ya contaminó al periodismo. En efecto, el periodismo tiene la función de investigar la verdad, o cuando menos, la veracidad de las cosas. Si resulta que el entrevistador dice que hay dos verdades en cada uno de los involucrados en el caso Kalimba, entonces se cometió una falacia al informar de una y reconocer que había otra, es decir, según el diccionario de la academia, falacia es el “engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien” o “hábito de emplear falsedades en daño ajeno”.
Las entrevistas a Kalimba y al JJ dejaron entrever el estilo de hacer periodismo falaz de Televisa. Y ahí Televisa ha dejado claro el mensaje final: como estableciera McLuhan a finales de los sesenta, “el medio es el mensaje”. Es decir, los contenidos están determinados por el medio masivo de la televisión. Lo que importa es el medio, no el mensaje.
En este aspecto se ha establecido el perfil de dos precandidatos vinculados a Televisa: Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard. Los dos cumplen el perfil de candidatos mediáticos, políticos consolidados por su imagen en la televisión. De confirmarse esta tesis, entonces la elección presidencial del 2012 sería la primera en donde la televisión jugaría el papel determinante de fabricar figuras. Se pasaría de la figura carismática de Vicente Fox a la figura mediática forjada a través de la televisión.
Pero la televisión es engañosa, como lo reconoció el propio Loret de Mola en su columna impresa --un mismo periodista enviando dos mensajes contradictorios--: la verdad en sus dos caras, la de la realidad y la que Kalimba y su denunciante mostraron en la televisión. Ahí es donde la televisión se ha metido en la política: la fabricación de realidades diferentes a la realidad real.
El punto político se mostró en el caso Cabañas. Loret de Mola entrevistó al JJ y lo dejó dar su versión de que El Contador había sido el agresor del futbolista. Esa versión se impuso el martes. Pero el miércoles las autoridades de la Procuraduría del DF difundieron la tesis de que el agresor armado había sido el JJ. ¿Cómo le hará el proceso judicial para establecer la verdad jurídica como real si la mediática ya fue impuesta por Televisa como parte de su involucramiento directo en el caso Cabañas por la propiedad del equipo América y la relación con el Bar Bar?
A la televisión le falta un código de ética para sus servicios noticiosos, informativos y editoriales. Y si se niega a ello, entonces le corresponderá a la autoridad definirlos y obligarlos a cumplirlos. Al final de cuentas, la televisión es una concesión pública que influye sobre las conductas de los ciudadanos. Y Televisa, en los casos Kalimba y JJ, ha mostrado de lo que es capaz cuando hechos penales involucran sus intereses de imagen.
Lo grave ocurre cuando un periodista como Loret de Mola se encarga de realizar la entrevista a Kalimba y a su denunciante pero a sabiendas de que los dos ocultaron parte de la verdad. Al final, el entrevistador pudo haber satisfecho las expectativas de los dueños de la televisora, pero Loret de Mola como periodista exhibió sus limitaciones y parcialidades de credibilidad al reconocer que hubo dos verdades y que él sólo difundió la que le interesaba a su empresa.
La elección presidencial del 2012 estará influida por la televisión, por el manejo de la imagen y por esa imagen como determinante de las conductas electorales de la ciudadanía. Las leyes tienen espacios bastante claros para acotar excesos de la prensa escrita. Sin embargo, la televisión se ha erigido en un poder autónomo y sin reglas ni acotamientos. Lo grave en el caso del JJ ocurrió cuando la autoridad rompió el proceso penal al poner al acusado no a disposición de un juez o del Ministerio Público sino a disposición de Televisa para una entrevista en la que el acusado dijo su verdad sin que el entrevistado cumpliera su función de periodista porque su tarea fue la de salvar a su empresa.
Al final, el 2012 podría cumplir la maldición de McLuhan: el medio aplastará a la información, a la realidad y a la sociedad. Y de paso, a la ética.


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