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Periodista, escritor, Lic. en Periodismo, Mtro. En Ciencias Políticas, oaxaqueño. Autor de la columna "Indicador Político" en El Financiero.

miércoles, 2 de marzo de 2011

2-Marzo-2011, Miércoles.

INDICADOR POLITICO


+ Slim desea poder político de TV
+ Telmex, en fondo de la disputa

Carlos Ramírez

Si se revisa el contexto del conflicto entre las televisoras privadas y Carlos Slim, el asunto tendría cuando menos tres aristas de puntas filosas:
1.- Carlos Slim y la privatización de Teléfonos de México. Slim controla los precios de las interconexiones y fija tarifas a su criterio. La privatización de Telmex se hizo en 1990 sin perspectiva histórica. Y hoy quiere perfilarse como el superpoder metido en la televisión.
2.- El poder político de las televisoras. Lo que está en el centro del debate es el poderío político de la imagen. Slim tiene el dinero pero no el poder por falta de TV. La publicidad del Grupo Slim con una televisora propia podría llevar al modelo Berlusconi o ciudadano Kane de mezclar recursos y política.
3.- La indefinición del gobierno federal en materia de una agenda integral de telecomunicaciones que incluya además el criterio de una política de Estado para redefinir los márgenes de poder de los involucrados.
En un análisis sobre el conflicto Slim-televisoras, Jorge Fernando Negrete y Jorge Bravo, director y editor respectivamente de Mediatelecom (www.mediatelecom.com.mx), un despacho de consultoría especializada, le encuentran la cuadratura al círculo:
“El fondo del asunto radica en la administración y planeación política --ni siquiera económica, por no decir social-- del espectro radioeléctrico”.
Si se mira en el horizonte político de mediano plazo --ya tirándole a corto por el adelantado proceso electoral 2012--, los jaloneos entre Slim y las televisoras tratan de fijar espacios de poder en el sistema político luego de la derrota del PRI, cuando en el viejo régimen Televisa era “un soldado del PRI, un soldado del Presidente”.  Lo peor de todo es que el conflicto involucra a un Congreso donde el PRI y el PAN carecen de mayoría y donde el PRD quiere su rebanada del pastel político de los tiempos televisivos.
Negrete y Bravo marcan los contornos del conflicto:
“No es verdad que el gobierno esté compensando para promover la competencia, pues el mercado sigue tan concentrado como en 2006, no sólo en telecomunicaciones sino sobre todo en radiodifusión. Más bien obedece a razones políticas. El gobierno calderonista decidió plantársele a Carlos Slim porque sus negocios carecen de influencia política, a diferencia de la televisión. Sin la posibilidad de transmitir contenidos, las redes de infraestructura no representan en sí mismas un riesgo para las agendas políticas. En cambio, la televisión y los demás negocios informativos de Televisa que merecen ser respetados e incluso temidos. Aunque en términos de ingresos los negocios de Slim son más grandes, los de Azcárraga Jean son más influyentes. El gobierno y los partidos no le tienen miedo a la telefonía fija o móvil, sino a la televisión, la radio, la prensa y cada vez más a Internet, en ese orden.
“La suspensión de la pauta publicitaria a Televisa también debe leerse como un claro mensaje de reclamo al gobierno federal porque éste no posee suficientes argumentos para seguir negando la entrada de Telmex al triple play y sí, en cambio, ha preferido favorecer y compensar a Televisa.
“La comprobación más fehaciente de lo anterior se encuentra en el hecho de que el gobierno ha licitado espectro para servicios de telecomunicaciones, incluidas frecuencias para el servicio de telefonía móvil, y tiene previstas más licitaciones para Internet inalámbrico; en cambio, no ha licitado desde el año 2000 una sola frecuencia de radio y televisión adicionales a las que ya controlan los mismos grupos de siempre. Incluso el gobierno federal ha especulado de manera discrecional con el refrendo de las estaciones de radio de AM y FM. El fondo del asunto radica en la administración y planeación política (ni siquiera económica, por no decir social) del espectro radioeléctrico. El hecho de que no se hayan licitado más frecuencias para televisión y sí para servicios de telecomunicaciones no soporta el más mínimo argumento a favor de la competencia”.
Las decisiones políticas son decisiones de poder. Ahí se localiza la explicación de Slim para cortarle la publicidad de sus empresas a Televisa y TV Azteca, pero con la ironía de usar el mismo argumento político de López Portillo en 1982 cuando cortó la publicidad oficial a publicaciones críticas: “no pago para que me peguen”. A cambio, Slim ha comenzado a entrarle ya a los juegos políticos del poder de la comunicación y por eso no sólo apuntaló a Carmen Aristegui para que regresara a su programa de MVS, sino que le multiplicó el apoyo publicitario a ese espacio para convertirlo no en un dechado de ética periodística sino en una trinchera permanente y persistente de crítica contra Televisa.
Lo malo para Slim fue que provocó dos efectos negativos: primero, sacó la promoción de sus empresas de los espacios publicitarios más importantes y con ello enfrentar una baja en sus ventas y segundo unió a sus adversarios en su contra y no es nada desdeñable el poder unificado de Iusacell, Axel, Nextel y la Cámara Nacional de la Industria de Telecomunicaciones por Cable. Slim posee la riqueza pero las televisoras tienen el poder.
En medio se encuentra un gobierno sin decisión. Lo dicen así Negrete y Bravo: “la falta de autoridad y la ausencia de ejercicio de facultades en materia de política pública, han llevado a un escenario de vacío regulatorio y de actuación gubernamental vital para el crecimiento del sector”.
Y en el fondo, como punto sensible, aparece el poder de Slim por la propiedad de Telmex, privatizada en 1990 a su favor en el gobierno de Carlos Salinas, hoy con el poder de las interconexiones a su favor y la lucha para convertirse también en magnate de la televisión antes de las elecciones presidenciales del 2012.

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martes, 1 de marzo de 2011

1-Marz-2011, Martes.

INDICADOR POLITICO


+ PRD: la sexta transformación
+ El salinismo como propuesta

Carlos Ramírez

Más que los jaloneos personales entre López Obrador y Marcelo Ebrard por la candidatura perredista al gobierno del Estado de México, la crisis en el PRD tiene que ver con el reacomodo de las nuevas oligarquías dominantes en el partido y el nuevo salto cualitativo del partido que nació de la izquierda y se enfila a una franquicia electoral al servicio de (ex) priístas.
La sexta transformación política e ideológica del PRD sería la de la salinización de su proyecto. La propuesta de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard de alianzas con el PAN, el desfondamiento del PRI y la definición de un modelo de desarrollo articulado al pensamiento ideológico del PAN implicaría la redefinición del PRD como un partido a la derecha del centro-derecha y ya no de izquierda.
De hecho, esas tres características del modelo Camacho-Ebrard para el PRD fueron las que los dos instrumentaron como arquitectos, ideólogos y operadores del proyecto salinista: el pacto político de Camacho con el PAN para la legitimación de Salinas luego del fraude electoral de 1988, el diseño del Pronasol como arquitectura de liderazgos sociales de Salinas en su tesis de doctorado que Camacho prologó como la gran oferta de modernización de las relaciones sociales enmohecidas por el PRI y como relevo de los seccionales del PRI y el neoliberalismo salinista de mercado que Salinas le quitó al PAN de Manuel J. Clouthier.
La disputa por el PRD no es solamente de egos sino de proyectos de redefinición del PRD. El PRD ha pasado por siete fases:
1.- La crisis partidista de 1988 con Cárdenas como candidato de un Frente Democrático Nacional de varios partidos dominantes, proveniente de la ruptura cardenista en el PRI.
2.- La fundación en 1989 del PRD con el registro del Partido Comunista Mexicano, transformado primero en Partido Mexicano Socialista y luego en Partido Socialista Unificado de México. En el PRD se aglutinó al sector de izquierda del país.
3.- La redefinición del PRD como partido del neocardenismo progresista, bajo la conducción de Cuauhtémoc Cárdenas. La izquierda socialista --que sobrevivió en el Partido Mexicano de los Trabajadores de Heberto Castillo-- fue derrotada internamente por el (ex) priísmo perredista.
4.- La fase del neopopulismo lombardista definido por la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y su alianza con el priísmo antipriísta --verdadero retrueque-- de Ernesto Zedillo. El PRD se olvidó de la izquierda y privilegio el modelo asistencialista social copiado del PRI corporativo, sólo que ahora apuntalado por el lumpenproletariado urbano y no de clases.
5.- La etapa de la tribalización o conformación de una estructura de pesos-contrapesos internos a través de grupos como tribus políticas. Ahí comenzó el desgajamiento interno del partido: grupos de presión en lugar de ideas o propuestas.
6.- Ahora se define el periodo de la consolidación del centro político e ideológico del PRD --el centro de la izquierda está a la derecha--, con alianzas con otras fuerzas. Frente a la sobrevivencia del PRI a la derrota del 2000 y las tendencias electorales que dibujan la posibilidad del regreso del PRI a la presidencia, Camacho y Ebrard se han apropiado del PRD para construir una “nueva hegemonía de centro”, a partir de una alianza del PRD con la derecha y a condición de deslavar el proyecto original de la izquierda.
Las alianzas del PRD con el PAN tienen el trasfondo de un replanteamiento de la ideología de izquierda. A ese trabajo de desideologización ha contribuido la gestión de Jesús Ortega como presidente --cuestionado en su elección y resuelta en tribunales, no en la legitimidad de las votaciones inobjetables-- del partido, y más por su origen en aquel partido amorfo y oportunista Partido Socialista de los Trabajadores-Partido del Ferrocarril (PST-PFCRN), bajo el control del también acomodaticio Rafael Aguilar Talamantes.
La alianza del PRD con el PAN en el Estado de México busca la posibilidad de excluir a López Obrador del partido. Pero Camacho y Ebrard necesitan que el tabasqueño no se salga del partido. La alianza mexiquense podrá fortalecer el apoyo del PAN a Ebrard y a Camacho en el PRD de la ciudad de México para quitarle el control político del DF a López Obrador. A cambio, el PRD de Camacho y Ebrard apoyaría al PAN en el 2012 contra el PRI. Como en 1988 con el PAN, en el 2012 panista Camacho instrumentaría un pacto de reformas del Estado, incluyendo la reforma del PRD como un partido de centro, como el frustrado partido de Centro Democrático que Camacho y Ebrard fundaron y no pudieron sostener electoralmente.
En el fondo quedaría la parte más importante de la alianza PAN-PRD: la propuesta programática de gobierno. Y ahí prevalece la argumentación política e ideológica de Camacho a favor y en defensa del proyecto salinista durante el gobierno de Carlos Salinas: una modernización autoritaria, mercantilista, de rescate del modelo empresarial corporativo, todo de la mano de una estrategia asistencialista de presupuestos sociales no transformadores y si de profundo control social. López Obrador hablaba de pobres, una noción de explotación productiva, y Ebrard utiliza el concepto de marginados que refiere separatismo social permanente.
La disputa por el PRD ha cruzado ya el punto de no retorno. Sin Cárdenas ni López Obrador, el partido tendrá un nuevo quiebre político hacia la derecha. Al final, los gobiernos aliancistas se inclinaron más al PAN que al PRD. Lo peor de todo es que el país se quedará sin un partido realmente de izquierda, aunque Ebrard y Camacho digan --horror-- que son de izquierda. La coalición con el PAN será de derecha-derecha.

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lunes, 28 de febrero de 2011

28-Febrero-2011, Lunes.

PUBLICAR EL lunes 28 DE FEBRERO DE 2011.

carlos ramírez,
27-febrero-2011,
indicador,
sarko-libia.doc

INDICADOR POLITICO


+ Armas de Sarkozy matan a libios
+ Zona árabe: EU, petróleo, poder

Carlos Ramírez

Desgastado en la defensa de una delincuente sentenciada en México, el presidente Nicolás Sarkozy tiene enfrente a un problema mayor aunque de la misma dimensión: la venta de armas al gobierno libio del coronel Mu‘ammar al-Qaddafi, muchas de las cuales ahora mismo están asesinando libios que salieron a las calles a derrocar a la dictadura de cuarenta y dos años.
En la visita de al-Qaddafi a París, en diciembre de 2007, Sarkozy le dio al dictador un recibimiento digno de la Corte de Luis XVI, con todo y la Marie-Antoinette del siglo XXI que vive en el Elíseo. La razón del tratamiento monárquico tuvo que ver con el compromiso de negocios favorables a Francia por más de 10 mil millones de euros. Ello hizo que Sarkozy excluyera de la agenda bilateral el tema de los derechos humanos.
El poder de al-Qaddafi proviene de los dólares del petróleo. Por las mismas fechas, el dictador libio visitó España y el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos I le dieron también su lugar en la historia, pero, como en el caso de Francia, previo el compromiso de compras por Libia de 11 mil 500 millones de euros. Tampoco España hizo algún gesto de contrariedad por la violación de los derechos humanos. Y con Italia --Libia fue una colonia-- sobra decir la extraordinaria relación de al-Qaddafi con Il Cavaliere Silvio Berlusconi.
Pero se trata del al-Qaddafi que financia grupos radicales y su capacidad de convocatoria involucra reuniones abiertas en Trípoli con todos los grupos revolucionarios, desde cubanos, nicaragüenses y venezolanos, hasta italianos, irlandeses y la ETA española. La prensa internacional se impactó apenas a mediados del 2009 cuando en la ceremonia de celebración de los cuarenta años de la toma violenta del poder acompañaron a al-Qaddafi, entre otros, el presidente venezolano Hugo Chávez junto al jefe de los piratas somalíes --secuestran y cobran millonarios rescates-- Mohamed Abdi Hassan y el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, sobre quien pende una orden de arresto de la Corte Penal Internacional. En esa ceremonia estuvo el terrorista Amdel Baset al-Megrahi, encarcelado por el atentado de Lockerbie que provocó la muerte de 270 personas en 1988 y hoy liberado por padecer cáncer.
Occidente ha sido cómplice de quien se ha considerado el Saddam Hussein del Norte de Africa por financiar el terrorismo, chantajear con el petróleo y usar esas divisas para apoyar movimientos rupturistas de todas las partes del mundo. A mediados del 2009 al-Qaddafi extorsionó a Suiza usando el petróleo por el arresto de su hijo acusado de violencia doméstica en una visita a Ginebra. Con la complicidad de Europa Occidental, al-Qaddafi arrodilló al gobierno suizo, la obligó a disculparse y anunció su interés por disolver a Suiza y repartirla entre Italia, Alemania y Francia. En venganza por el arresto de su hijo, al-Qaddafi detuvo ilegalmente a dos suizos en Trípoli.
Al momento de su visita a la Francia de Sarkozy, el coronel al-Qaddafi ya le había comprado a los franceses veintiún aviones Airbus y equipamiento militar por 4.5 millones de combate y 35 helicópteros, según revelaciones de la Agencia France Press, además de otros pertrechos. Esas armas francesas son algunas de la que al-Qaddafi ha utilizado contra la población civil en los últimos días para contener la insurrección popular en contra de su dictadura familiar, del coronel y sus hijos, a uno de los cuales ya estaba enfilado a sucederlo en el poder.
Cierto rubor de vergüenza pareció apoderarse del gobierno francés de Sarkozy porque sin ninguna explicación borró del sistema de archivos de internet las fotografías donde aparecen, sonrientes, Sarkozy y el dictador al-Qaddafi. En un artículo publicado el pasado lunes 22 de febrero en El País, el ex director de Le Monde, Jean-Marie Colombani, le dio una sacudida a la real politik con visos de hipocresía de Sarkozy:
“Durante la campaña electoral, el candidato Sarkozy había prometido romper con el exceso de cinismo de su predecesor, que acostumbraba a explicar que la libertad no era un valor cultural en África, por ejemplo, ni tampoco en China o en Rusia. Una vez investido presidente, Nicolas Sarkozy eligió como ministro de Asuntos Exteriores a Bernard Kouchner, encarnación donde las haya, de la defensa de los derechos humanos llevada hasta el derecho o el deber de injerencia. ¿Qué vimos entonces? A un Kouchner cada vez más amordazado y desaprovechado, que, progresivamente, se convirtió también en un apóstol de la real politik. Por ejemplo, durante la inenarrable visita del coronel al-Qaddafi a París --hasta tal punto fue ridícula--, para la cual se desplegaron todas las pompas republicanas en honor del amo y señor de Trípoli --seguramente con la esperanza de venderle algunos aviones de combate--. La secretaria de Estado a cargo de los derechos humanos, Rama Yade, que protestó, primero fue reprendida por su ministro y, luego, mutada por Nicolas Sarkozy.
“Después, llegó el momento de la partida de Bernard Kouchner y de su sustitución por Michèle Alliot-Marie, gaullista pura y dura, además de perfecta encarnación de la real politik. Este abandono oficial de toda ambición en el terreno de los derechos humanos ha colocado a Francia a contracorriente de las revoluciones surgidas en Túnez, luego en Egipto y, mañana, tal vez en otros lugares.”
Queda, también, es esta real politik al estilo francés el aval de la dictadura cubana al dictador libio con el pretexto de una invasión de los EU. Pero se trata del mismo Fidel Castro que en 1968 avaló la entrada de tanques soviéticos a Checoslovaquia para aplastar a sangre y fuego la experiencia del socialismo democrático de Alexander Dubcek.


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viernes, 25 de febrero de 2011

25-Febrero-2011, Viernes.

INDICADOR POLITICO


+ Oaxaca: crisis de facciones
+ Ni transición ni alternancia

Carlos Ramírez

Aún en el caso de que emisarios del pasado hubieran alentado la violencia en Oaxaca la semana pasada, en realidad la violencia magisterial del pasado martes 15  fue producto de una crisis al seno del grupo que llevó a Gabino Cué al gobierno estatal.
Lo que ha estallado violentamente en Oaxaca es la expresión típica de un cambio de facciones en el grupo gobernante: una redistribución del poder conquistado. El gran desafío de Cué no radica en aceptar las humillaciones exigidas por los radicales de la alianza, por la sección 22 de maestros y por los grupos de presión de la APPO, sino en definir su autonomía relativa frente a los verdaderos poderes fácticos en el estado.
La rebelión de 2006 --como quedó asentado en el libro La comuna de Oaxaca, del autor de Indicador Político-- fue una crisis en el seno de las élites priístas diseminadas en todos los grupos de oposición al PRI;  es decir, fue un colapso al interior del priísmo. La 22, la APPO y los radicales quisieron armar una insurrección popular pero fracasaron en su intento de derrocar al gobernador Ulises Ruiz.
Las elecciones de gobernador de julio del 2010 fueron la oportunidad para que todos los priístas en la oposición derrotaran al PRI, con la ayuda vital del PAN. Pero en realidad la derrota del PRI no fue una transición democrática ni una alternancia de grupo sino un cambio de facciones. Cué fue propulsado por la alianza anti Ruiz y ahora ésta le pasa la factura a Cué.
Los tres grupos involucrados en la violencia de la semana pasada definieron bien sus facturas:
1.- López Obrador le mandó a Cué el mensaje de que no quiere en Oaxaca a Felipe Calderón y por eso la violencia se dio durante y contra la visita presidencial.
2.- La 22 quiere más del pastel del poder y exige no sólo el control del Instituto de Educación Pública de Oaxaca sino la secretaría de gobierno. La 22 quiere postrar a Cué.
3.- Y la APPO requiere de reglamentos de seguridad que no impidan las insurrecciones con el uso de la fuerza, por lo que van a acotar cualquier regla sobre las intervenciones policiacas.
En este contexto, el problema en Oaxaca realmente no radica en el PRI o en emisarios del pasado sino que se localiza en el interior de los grupos que llevaron a Cué al gobierno estatal. Aún con Cué como gobernador, los grupos violentos del 2006 van a tratar de instalar en Oaxaca un gobierno subordinado a sus intereses. Si bien ya no será popular y autogestionario de tipo comunal, tratarán de someter al gobierno aliancista a los objetivos radicales.
De ahí que el problema de Oaxaca presente un  cuadro de ingobernabilidad típica por la incapacidad --aún con su buena voluntad-- del gobernador Cué para responder a las incumplibles demandas de los grupos radicales. En Oaxaca la inestabilidad responderá a variables estructurales:
1.- La lucha de Cué por su autonomía relativa de los grupos dominantes que generan la violencia radical.
2.- El establecimiento de una agenda política de riesgos para enfrentar conflictos como el de 2006.
3.- La urgencia de contar con lo que precisamente carece: operadores políticos eficaces, con fuerza para negociar con los radicales.
4.- El reconocimiento del papel estabilizador que juega el PRI en el estado y en el congreso, ante la violencia desbordada de los aliados aliancistas.
5.- El reconocimiento de que en Oaxaca no hubo transición ni alternancia sino una disputa entre facciones políticas tradicionalistas, todas ellas formadas en el PRI.
6.- La definición del papel del gobernador en la disputa por la candidatura presidencial del PRD entre López Obrador y Marcelo Ebrard y la dilucidación del conflicto de lealtades con el PAN y con el presidente Calderón también en el 2012 presidencial.
7.- La solución al conflicto magisterial porque Cué quedó atrapado entre sus lealtades a la 22 de maestros y sus compromisos con Elba Esther Gordillo. La violencia magisterial de la semana pasada no fue promovida por fantasmales “provocadores” --una coartada de Cué que fue desdeñada por la sección 22-- sino por maestros que quisieron mandarle un mensaje a la alianza de Cué con Gordillo.
8.- El establecimiento de un urgente margen de acción de Cué con las élites políticas priístas que controlan las oposiciones y que vienen desde 1977, cuando la caída del gobernador Manuel Zárate Aquino provocó la creación de un grupo de poder articulado para repartirse el poder político.
El primer saldo exhibió a Cué sin un bloque hegemónico local en el centro --su único posible refugio-- y sin capacidad para negociar espacios de poder. Los radicales parecen dispuestos a reanudar su lucha insurreccional contra el gobierno estatal para destituirlo y erigir un gobierno autogestionario, popular y comunal. La idea de la comuna en Oaxaca sigue latente, sin importar que el gobierno actual llegara al poder por el levantamiento del 2006 y, paradójicamente, la alianza con el presidente Calderón.
Y el primer paso que debe dar Cué podría desbordarlo: ante la violencia desbordad y creciente de los grupos radicales, caracterizar la dimensión, profundidad y anchura de la crisis política, sistémica y de élites en Oaxaca. Los tres retos claves de Cué están a la vista: el colapso del modelo de desarrollo, la desarticulación del régimen de gobierno y la ausencia de un pacto constitucional cohesionador. Casi nada y casi todo.


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jueves, 24 de febrero de 2011

24-Febrero-2011, Jueves.

INDICADOR POLITICO


+ Francia: la doctrina Juárez
+ Orgullo de nación ofendida

Carlos Ramírez

Para Eduardo Mejía,
gambusino de los detalles

El presidente francés Nicolás Sarkozy parece decidido a olvidar o a ignorar la historia de las relaciones bilaterales con México. Después de la segunda intervención francesa en el siglo XIX que impuso aquí a un príncipe extranjero, el presidente Benito Juárez decretó contra Francia la doctrina de un país agredido.
En el porfiriato., Vida política exterior. Segunda parte, de la Historia Moderna de México, Daniel Cosío Villegas reconstruye con malicia lo que tuvo que pasar Francia para reanudar relaciones diplomáticas con el país al que invadió y salió derrotado. Más de trece años tardó Francia en encontrar un camino tangencial hasta que tuvo que someterse a la Doctrina Juárez.
En diciembre de 1867, luego de restaurar la república, Juárez abrió las sesiones del Congreso con un discurso en el que estableció las condiciones para reanudar relaciones con los EU, Inglaterra y Francia. Los primeros dos países no tuvieron problemas. Pero a Francia, cuenta Cosío, Juárez prácticamente la humilló como pago a la invasión militar:
“Ellas (las potencias europeas), rompieron voluntariamente sus relaciones con México; unas, porque le hicieron la guerra; y las demás, porque desconocieron a la República (Mexicana) al reconocer al gobierno espurio de Maximiliano. México, ante esta situación, no se niega a reanudar las relaciones, pero lo hará sólo cuando se llenen estos tres requisitos: que esas potencias manifiesten su deseo y su interés en el restablecimiento de relaciones; que admitan la caducidad de todos los tratados y convenciones vigentes antes de la Intervención y que los nuevos (tratados) que los reemplacen se negocien sobre bases justas y convenientes para el país”.
Las relaciones pudieron ser reanudadas hasta 1880 y luego de que Francia tuvo que negar cualquier exigencia para el pago de daños por la guerra y que aceptar que México tenía derecho de hacer reclamaciones por la invasión. La Francia que invadió México fue la de Napoleón III --apodado El Pequeño por Víctor Hugo en una novela paródica-- y la Francia que quiso reanudar relaciones fue la de los republicanos que inclusive apoyaron a México contra la invasión francesa.
Pero a cada intento de Francia, México enarbolaba la Doctrina Juárez de un país agredido militarmente. Las tres condiciones de Juárez fueron aterrizadas en puntos aún más concretos: que Francia le diera a México el grado de nación más favorecida, que le pagara una indemnización por los daños y perjuicios sufridos a causa de la Intervención y que renunciara a sus reclamaciones contra México.
Francia se negó,  buscó caminos a veces extraños y cómicos, ofreció que la reanudación se realizara simultáneamente con precisión horaria. Funcionarios y diplomáticos de las dos naciones decidieron hacer negociaciones por su cuenta y sin autorización oficial y se toparon con la Doctrina Juárez. Y no era para menos: Francia impuso en México a un príncipe extranjero, invadió el país y lo sumó a su imperio. Curiosamente le correspondió al presidente Porfirio Díaz, quien como general juarista había derrotado a Francia en algunas batallas, reanudar relaciones, pero siempre imponiendo las condiciones de Juárez.
El punto que irritó a los franceses fue el que México no buscaba relaciones con Francia, aunque las necesitaba. Intervinieron varios países sudamericanos como negociadores y altos funcionarios de los Estados Unidos, pero México logró imponer su orgullo como principio: era una nación ofendida con la invasión francesa. Ahí se dio la segunda y estrepitosa derrota de Francia: aceptar el argumento de orgullo de México. México nunca dio el primer paso. Y Francia se tragó su orgullo ante México.
La argumentación mexicana era inflexible: “si Francia manifiesta su deseo de reanudar relaciones, México se prestará a ello”. Pero México nunca dio el primer paso. El canciller José María Lafragua lo reafirmó en un cable a Ignacio Mariscal, ministro representante ante el gobierno de Washington: México estaría dispuesto a reanudar, pero “esto no quiere decir que México entre desde luego a formular reclamaciones; pero que tiene que dejar a salvo los derechos que tenga para el caso en caso de que se necesite o se pueda hacerlos valer”.
La clave eran los principios de México: no realizar reclamaciones pero dejar abierto ese derecho. Francia, aún como potencia imperial, quería doblar a México imponiendo sus propias condiciones. El asunto se complica con dos eventos realizados en Francia: la Exposición Universal de París de 1878 y el Congreso de la Unión Postal también de 1878. México estaba invitado a ambos eventos, pero se atravesaba el hecho de que no había relaciones diplomáticas.
Francia quiso usar mañosamente los eventos para dar por sentado que ya había relaciones, pero México fue fiel al orgullo de la Doctrina Juárez. Un par de enviados franceses le fijaron al presidente Díaz las tres condiciones de Francia para reconocer a Díaz: olvido recíproco del pasado, renuncia recíproca a toda reclamación y ningún pago por reclamaciones emanadas de la Intervención. Díaz los despachó con desdén: México no aceptaba más condiciones que las de la Doctrina Juárez. Y México no estuvo oficialmente en ninguno de los dos eventos.
Al final, Francia aceptó las condiciones mexicanas y las relaciones se reanudaron. Frente al peso de la historia con un país que dos veces invadió México, Nicolás Sarkozy es apenas un accidente histórico y Florence Cassez es una delincuente sentenciada.


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miércoles, 23 de febrero de 2011

23-Febrero-2011, Miércoles.

INDICADOR POLITICO


+ PRD: cruickshankismo salinista
+ Lucha AMLO-MEC por control DF

Carlos Ramírez

Lo que no pudo conseguir Carlos Salinas en los seis años de su gobierno, al final lo lograron Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard en unos meses; reventar al PRD como partido progresista, quitarle su base social para poner a un lumpenproletariado y convertirlo en un PPS del estilo de Jorge Cruickshank del pasado priísta.
La disputa López Obrador-Ebrard nada tiene que ver con la definición ideológica o programática del partido, sino que se reduce a una lucha de egos y sobre todo a la propiedad de la base política del DF que definirá quién controlará el gobierno capitalino el próximo sexenio.
Y mientras Camacho y Ebrard buscan vengarse del PRI que no les dio la presidencia en 1994 y para ello utilizan la estrategia de desfondar el PRI jalándose al PRD como candidatos a priístas de dudosa calidad política y moral, López Obrador dio el primero paso para desfondar al PRD al salirse con licencia del partido. En los hechos, López Obrador demostrará quién tiene el control de las base sociales perredistas.
Como nunca antes, la dirección política del PRD está en manos de un grupo colaboracionista sin ideología, quienes se perfilan ya no como los Lombardo Toledano del partido en el poder sino como los Jorge Cruickshank de aquel PPS sometido al poder presidencial priísta en los sesenta y setenta, apéndices del PRI como hoy del PAN.
Como antes, Los Chuchos emulan hoy a Cruickshank. De hecho, Cruickshank fue el primer dirigente de un partido “de izquierda”, el Partido Popular Socialista, que se alió al PRI: en 1976, Porfirio Muñoz Ledo, entonces priísta diazordacista-echeverrista-lopezportillista era presidente del PRI y como tal obligó al PRI a aceptar la primera derrota en una senaduría, la de Oaxaca, para entregarle la curul a Cruickshank pero a cambio de que éste aceptara la derrota --que era victoria del PPS, la primera de izquierda-- de Alejandro Gazcón Mercado para que el PRI de Muñoz Ledo encumbrara como gobernador nada menos que al coronel Rogelio Flores Curiel, jefe de la policía del DF en 1971 y por tanto operador del halconazo contra estudiantes. Y sí, el maquiavélico priísta del juego del poder fue Muñoz Ledo. Y Gazcón fue el símbolo de la izquierda socialista sacrificada.
Sin ideología, sin un programa ideológico, sin base sociales obreras, con un lumpenproletariado dependiente del presupuesto asistencialista del DF, el PRD ha entrado en una zona de fractura inevitable entre dos priístas, López Obrador con sus resabios neopopulistas y de acarreo de masas dependientes del presupuesto regalado y Ebrard con su salinismo a cuestas, con un Jesús Ortega acomodaticio, y un PRD aliado al PAN pero sin coalición de gobierno, ni compromiso histórico, ni programa común, ni acuerdo para la transición democrática.
Asimismo, lo que está en el fondo del conflicto AMLO-Ebrard es la posible alianza PRD-PAN para el 2012, anunciada en esta columna desde hace meses y ya casi reconocida por los protagonistas, pero con intenciones de Ebrard y el PAN de finalmente arrebatarle a López Obrador el manejo político del lumpenproletariado capitalino. Ebrard sí entendió la maniobra del tabasqueño y por eso decidió retirar su propuesta de Mario Delgado como sucesor en la dinastía perredista en el DF.
El otro trasfondo de la disputa AMLO-Ebrard es definir quién de los dos se queda con la franquicia del PRD. Camacho se coló con el apoyo de López Obrador al Frente Amplio, lo cambió a Diálogo Nacional y ahora lo quiere pactando con el PAN para enfilar a Ebrard a la candidatura presidencial PAN-PRD en el 2012 o en el 2018. Pero la alianza Camacho-Ebrard carece de una idea política o alguna propuesta programática. Escuchar a Ebrard o a Camacho asumiéndose de izquierda debería ser tomado como un insulto a la izquierda histórica mexicana que combatió al PRI y al PAN y a lo que esos dos partidos representaban.
Camacho y Ebrard representan al proyecto salinista, con el cual se comprometieron tan a fondo que a finales de 1993 Camacho le prometió a Salinas un lugar en la historia si lo designaba su sucesor en la presidencia de la república. Como arquitectos del salinismo, Camacho y Ebrard formaron parte del primer círculo del poder que tomó la decisión de aplastar al PRD --y ahí están los más de 500 perredistas asesinados en el salinismo--, no concertacesionar con el perredismo en Tabasco y Michoacán y favorecer al PAN. Camacho fue el operador responsable de negociar en lo oscurito con el PAN para legitimar el fraude de 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas.
Sin pasar por un periodo de reflexión pública sobre su papel en el salinismo y sin reconocer que la ruptura con Salinas fue sólo por el dedazo a favor de Luis Donaldo Colosio y no de Camacho, ahora Camacho y Ebrard tomaron el control del PRD, desplazaron a Jesús Ortega y quieren amarrar la alianza con el PT y Convergencia para favorecer a Ebrard desde ahora con un juego típicamente priísta para decidir la candidatura presidencial 2012 del PRD. La lucha AMLO-Ebrard se ha centrado también en el control de PT, hoy bajo el manejo político del tabasqueño.
El destino histórico del PRD no puede ser más patético: o el neopopulismo lopezobradorista de acarreados y de tribus de intereses o el cruickshankismo camachista-ebradista que lo reduciría a un PPS domesticado. En medio queda el fracaso del PRD para convertirse en un verdadero partido de izquierda.


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martes, 22 de febrero de 2011

22-Febrero-2011, Martes.

INDICADOR POLITICO


+ Puebla: espada de Damocles
+ Peligra libertad de expresión

Carlos Ramírez

Como en toda transición, el papel de la prensa es vital en los procesos de democratización. Los medios de comunicación de Puebla hoy enfrentan la estrategia de la zanahoria y el palo: despenalizar acusaciones sobre contenido, pero mantener la espada de Damocles del daño moral con castigo monetario.
Pero en toda transición, la libertad de prensa es o no es. El delito de daño moral fue inventado por Miguel de la Madrid en diciembre de 1982 para acotar a la crítica, pero una durísima respuesta de medios acotó la certeza de que en el ejercicio de la libertad de expresión no hay delito moral. En aquella ocasión, caricaturistas y columnistas publicaron sus espacios en blanco y reventaron la intención censora.
Como ha ocurrido en hechos históricos, Puebla podría ser el inicio de una movilización periodística que evite una legislación a espaldas de los involucrados y posibles afectados y que de una vez por toda haga cumplir el precepto de que la libertad de prensa no puede tener absolutamente algún obstáculo.
En Puebla también podría revivirse el debate que ocurrió en el Constituyente de 1857 cuando se discutió la libertad de prensa y que reconstruye Daniel Cosío Villegas en La Constitución de 1857 y sus críticos. La carta magna garantizó la absoluta libertad de prensa, pero la reforma de 1883, por consejo de Justo Sierra, terminó con los juicios a periodistas por dos jurados, uno que calificaba el hecho y otro que imponía la pena y se pasó a una autoridad judicial ordinaria. Entonces se desató la persecución feroz contra la libertad de prensa --gobernaba el porfirismo-- y, entre muchos otros, Filomeno Mata fue encarcelado por oponerse a la reelección de Díaz.
Entonces se diseñó, agrega Cosío Villegas, lo que en esos años se conoció como “delito sicológico” contra la prensa, “es decir, no por lo que se escribía sino por la intención que la autoridad judicial atribuía a lo escrito”. En una interpretación moderna, el delito de daño moral que quiere mantenerse en las leyes es la reactivación “del delito sicológico” del porfirismo.
Hay que partir de un criterio: la libre crítica necesariamente dañará la moral de los criticados, sobre todo cuando tiene que ver con la política y la empresa. El DF, en tiempos de López Obrador, estableció la Ley para la Responsabilidad Civil para la Protección del Derecho a la Vida Privada, el Honor y la Propia Imagen, en la que se protege a la prensa de acusaciones de daño moral pero se pone un límite de 350 días de salario mínimo como multa. En todo caso, de perder en tribunales, el periodista acusado está obligado a publicar en su espacio la sentencia del juez.
Por el cambio de grupo en el poder y las posibilidades políticas de una alianza PAN-PRD, Puebla aparecía como la gran oportunidad para cambiar las reglas del juego político y entrarle de lleno a la madurez de las instituciones. Pero la iniciativa del gobernador aliancista Rafael Moreno Valle atendió la exigencia de despenalización pero mantuvo el castigo pecuniario que podría operar como un factor inhibitorio de la libertad de prensa.
Lo único cierto es que un gobierno, una clase política y una clase empresarial que no resisten la crítica y que necesitan de leyes punitivas contra la libertad de prensa son élites anti democráticas. Y lo más grave es que la reforma se ha querido hacer sin consulta con los periodistas ni con los abogados. Por tanto, la lucha por la libertad de prensa se da en el territorio de las leyes punitivas.
Hoy martes podría darse el albazo legislativo en Puebla. Ayer por la tarde, legisladores se reunieron con algunos periodistas para escuchar planteamientos, pero el problema no es el derecho de audiencia sino el debate democrático vía una consulta. Ayer mismo el periódico Cambio de Puebla publicó un desplegado firmado por casi una centena de periodistas y editores locales para solicitar algo muy sencillo: “consideramos que debe discutirse la misma (la iniciativa) y tomarse en cuenta la opinión de quienes estamos directamente involucrados antes de que sea sometida al pleno del Congreso del estado de Puebla”.
Puebla puede ser el punto de debate nacional sobre el daño moral como un factor de limitación de la libertad de prensa. A la exigencia de derogar el castigo pecuniario por daño moral debe corresponder también el debate de la deontología periodística o el establecimiento por los medios de códigos éticos de autocontrol. El periodismo crítico de suyo afecta el patrimonio moral de políticos y empresarios, pero se parte del hecho de que lo criticado causa más daño a la sociedad.
El gobierno aliancista de Puebla tiene la oportunidad de definir pasos adelante en la construcción de nuevas reglas democráticas en materia de libertad de prensa o mantener los temores priístas a la crítica y dejar el daño moral con cargos punitivos. Ahora mismo un empresario poblano mantiene demandados a varios periodistas por haberlo señalado como beneficiario de las complicidades del poder y haber cometió irregularidades legales, pero ha esgrimido el daño moral como castigo a la crítica. Lo más grave es que el denunciante es empresario pero usa la propiedad de un medio de comunicación y una falaz organización por la libertad de expresión para invocar el daño moral y castigar a periodistas por escribir sin cortapisas.
El columnista Arturo Rueda, director de Cambio Puebla, resumió el debate con la imagen de la lucha de la espada legislativa contra la pluma periodística. “La experiencia histórica muestra que la espada gana siempre el primer lance, pero a largo plazo la victoria le pertenece a la pluma”.


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